A no preocuparse por pequeñeces

Papá siempre nos dijo que no nos preocupemos por pequeñeces, pero recién ahora he empezado a tomar eso en serio. Lo cierto es que la vida es mucho más simple cuando uno se ocupa de despejar la mente y he compilado una serie de consejos fáciles y prácticos que usted puede seguir ahora justamente para hacerlo…
Comience por aislarse y tomarse un tiempo alejado del teléfono. El teléfono es una de las distracciones comúnmente más estresantes de la vida. Dedique cierto tiempo de su día a poner su teléfono celular en silencio o directamente no responder, salvo en caso de verdaderas emergencias.
Trate de decir “no” sin culpa. Decir siempre que sí lo hace sentir abrumado, estresado y cansado, y termina haciendo cosas que no quiere o no debería hacer mientras que, a simple vista, actúa como si estuviera todo bien.
Dedíquese 10 minutos más antes de salir. En lugar de estar siempre a las corridas, salga 10 minutos antes en vez de esperar hasta último momento y encontrará que tiene mucho tiempo libre y menos estrés.
Cree un ritual para usted mismo. Cuando tiene lo que necesita en un sentido emocional, tiene mucho más para dar a los demás. Los rituales pueden ser tan simples como incluir ejercicio en su rutina diaria, curiosear libros en las librerías o tomar una taza de té con tranquilidad antes de trabajar. Es su momento, una parte especial del día reservada sólo para usted. La grata sensación que le puede dar mimarse lo sorprenderá.
Reduzca el tono de voz y hable en voz baja. Al hablar demasiado rápido y en voz alta, la energía que emite al mundo es frenética y nerviosa. La gente que lo rodea se sentirá presionada y levemente perturbada. Hable en voz baja y podrá descubrir que comienza a sentirse más calmo y menos estresado. Aun mejor, rápidamente descubrirá que todo el mundo a su alrededor pronto empieza a tranquilizarse también, lo cual hará de usted una persona más feliz.
Recuerde tomarse un respiro. Es una pequeña forma de recargar las pilas. No tomarse un descanso no sólo lo desgasta sino que además le resta productividad. Si bien quizás no lo sienta en el momento, al final la frustración se le acercará sigilosamente y terminará perdiendo la paciencia y la atención.

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